Nube de palabras: 30 lecturas
Adjunto aquí la imagen con 30 libros imprescindibles en mi subjetividad. Acto seguido, mencionaré títulos y autores, así como una breve frase que justifica cada elección.
Nada, de Jane Teller - Por mostrar un dilema existencial y hacerlo a través de los menores de edad y su crueldad.
Poeta chileno, de Alejandro Zambrano - Por demostrar amor por las letras, las palabras, la poesía y los hijos.
13,99 euros, de Fréderic Beigbeder - Por retorcer hasta la arcada el lado oscuro de la industria publicitaria.
El amor dura tres años, de Fréderic Beigbeder - Por hablar en plata del tema... para dejarse desarmar.
La ciudad, de Karmelo Iribarren - Por plasmar belleza en una poesía desesperanzada y a veces sucia.
El sutil arte de que todo te importe una mierda, de Mark Ronson - Porque otra autoayuda es posible.
El guardián entre el centeno, de J.D. Salinger - Por acercarme por el asesino de John Lennon y acabar riendo para mis adentros cada tres por cuatro.
11 ciudades, de Àxel Torres - Por utilizar el oficio del periodismo deportivo para hablar de lugares y personas de medio mundo.
Normal people, Sally Rooney - Por una bella historia de amor adolescente que poco después se estrenó en las plataformas de streaming a modo de serie.
El mundo amarillo, de Albert Espinosa - Por ponerle nombre a esas relaciones especiales.
Bajarse al moro, de José Luis Alonso de Santos - Por sorprenderme con su lenguaje, humor y modernidad cuando esperaba una obra bastante más gris en mi época del instituto.
Ampliación del campo de batalla, de Michel Houellebecq - Porque me hizo descubrir al rey del realismo sucio y hacer acopio de casi toda su bibliografía.
Los asquerosos, de Santiago Lorenzo - Por su premisa, su lenguaje único, su giro a mitad de obra y su pequeña sorpresa final.
Las ganas, de Santiago Lorenzo - Por ser lo más parecido a la teleserie Manos a la obra que he leído en papel.
Una habitación propia, de Virginia Woolf - Porque es un 'must' para comprender la situación de la mujer en el ámbito de la creación (y en tantos otros) a lo largo de la historia.
Más peligroso sería no amar, de Lucía Etxebarría - Por disfrutar de un libro de alguien que no me cae bien y por enseñar al mundo que otro tipo de relaciones sexoafectivas son posibles.
Rebelión en la granja, de George Orwell - Por ser una original fábula que entretiene, divierte y enseña una gran verdad.
Un mundo feliz, de Adolf Huxley - Sobre todo, por su tramo final. Una reflexión impactante.
La celestina, de "Fernando de Rojas" - Por recordar su esencia unos 20 años después de leerla y por su enriquecedor elenco de personajes.
El descontento, de Beatriz Serrano - Por su manifiesto contra el trabajo y las patochadas que a menudo le rodean.
Hace tiempo que vengo al taller y no sé a lo que vengo, de Jorge de Cascante - Por su chiflada colección de microrrelatos, que guardan momentos de brillantez surrealista.
La conjura de los necios, de John Kennedy Toole - Porque, si no existiera Ignatius Rielly, habría que inventarlo.
La conquista de la felicidad, de Bertrand Rusell - Porque es como el testamento de un gran sabio.
La pelota no entra por azar, de Ferran Soriano - Estrategia, liderazgo, gestión del cambio y creación de equipos ganadores con el F.C. Barcelona como vehículo.
Nuestra parte de noche, de Mariana Enríquez - Por hacerme leer un libro de más de 700 páginas en la era de los smartphones, las 10 series que hay que ver cada mes y el No pain, no gain.
Siddhartha, de Hermann Hesse - Por ser una alegoría inspiradora para cualquiera.
Mort, de Terry Pratchett - Por hacer humor con la muerte y por hacerme leer ciencia ficción.
20th Century Boys - Por ser una mezcla entre It y Utopía y por ser un cómic a la altura de muchísimos grandes libros en extensión y calidad.
Defendiendo lo indefendible, de Walter Block - Por hacerme repensar ideas que creía definidas y por confirmar a su vez que, efectivamente, algunos liberales defienden auténticas aberraciones.
La insoportable levedad del ser, de Milan Kundera - Por mezclar amor, pasión, moral, cultura, guerra y otros conceptos en una obra que me caló como casi ninguna otra.
